05 diciembre 2009

El primer subsidio (A. Kollontai, 1921).

Una pequeña narración de Aleksandra Kollontai sobre sus experiencias en los primeros tiempos tras la Revolución de 1917, cuando los bolcheviques tuvieron que llevar a cabo una de las tareas más arduas de todo proceso revolucionario: organizar el nuevo gobierno popular tomando cada institución, para poder llevar a cabo las medidas socialistas que ofrecerían un futuro mejor al Pueblo.

Aquel Octubre de 1917 era gris, ventoso. El viento agitaba las copas de los árboles en el jardín del Smolny, del edificio de interminables y tortuosos pasillos y grandes y luminosas salas, con ese vacío propio de las estancias oficiales, donde se llevaba a cabo un trabajo intenso, que el mundo no había conocido nunca.

Hacía dos días que el Poder había pasado a manos de los Soviets. Del Palacio de Invierno eran dueños los obreros y los soldados. El gobierno de Kerenski no existía ya. Pero cada uno de nosotros comprendía que aquello era solamente el primer peldaño de la dura escalera que conducía a la emancipación de los trabajadores y a la creación de una República nueva, laboriosa, sin precedente en la tierra.

El Comité Central del Partido de los bolcheviques se alojaba en una pequeña habitación lateral con una mesa sencilla en el centro, periódicos en las ventanas y en el suelo y unas cuantas sillas. No sé ya para qué había llegado yo allí entonces, pero sí recuerdo que Vladímir Ilich no me dejó siquiera plantear la cuestión. Al verme, decidió en el acto que yo debía hacer algo más necesario que aquello que me proponía.

- Vaya ahora mismo a encargarse del Ministerio de Asistencia Social del Estado. Hay que hacerlo inmediatamente.

Vladímir Ilich estaba tranquilo, casi alegre. Bromeó un poco y, en seguida, pasó a ocuparse de otro asunto.

No recuerdo por qué fui para allá sola, sólo se me quedó grabado en la memoria el húmedo día de octubre en que llegué a la puerta del Ministerio de Asistencia Social del Estado, que se encontraba en la calle de Kazán. El portero, de elevada estatura y buena presencia, con barba canosa y galoneado uniforme, entreabrió la puerta y me examinó de pies a cabeza.

- ¿Quién de sus jefes está aquí ahora? -traté de informarme.

- Las horas de visita para las peticiones han terminado -me respondió tajante el galoneado viejo de buena presencia.

- Pero yo no vengo a hacer ninguna petición. ¿Quién hay aquí de los altos funcionarios?

- Ya le han dicho a usted, en ruso, que se recibe a las solicitantes desde la una hasta las tres, y ahora, mire el reloj, son más de las cuatro.

Yo insistí, él se mantuvo en sus trece. De nada sirvieron razones. Las horas de visita habían terminado. Y tenía orden de no dejar pasar a nadie.

A pesar de la prohibición, intenté subir por la escalera.

Pero el testarudo viejo se alzó ante mí como un muro impenetrable, sin dejarme avanzar ni un paso.

Y me tuve que ir sin conseguir nada, porque tenía prisa para acudir a un mitin. Y los mítines en aquellos días eran lo más importante, lo fundamental. Allí, entre las masas de soldados y desposeídos de la ciudad, se decidía la cuestión de la existencia del Poder soviético, de si lo mantendrían los obreros y campesinos con capotes de soldado o vencería la burguesía.

A la mañana siguiente, muy tempranito, sonó el timbre de la vivienda donde me había instalado al salir de la cárcel en que me metiera Kerenski. El timbrazo era insistente. Abrimos. Apareció un mujik pequeñajo con zamarrilla, laptis y barba.

- ¿Vive aquí el Comisario popular Kollontáy? Tengo que verle. Traigo aquí este papelito para él, del bolchevique principal, de Lenin.

Miro y veo que efectivamente en el trozo de papel hay escrito, de puño y letra de Vladímir Ilich:

"Entréguele cuanto le corresponda por el caballo, de los fondos de Asistencia Social del Estado".

El mujik, cachazudo, iba contando todo. En tiempos del zar, en vísperas de Febrero le habían requisado ya el caballo para necesidades de la guerra. Le prometieron pagárselo a precio razonable. Pero pasó el tiempo, y no recibió aviso alguno de pago. Entonces, el mujik fue a Piter (Petrogrado), y estuvo dos meses llamando a las puertas de todas las instituciones del Gobierno Provisional, sin ningún resultado. Le mandaban, como a una pelota, de una oficina a otra. Derrochó paciencia hasta que se le acabó el dinero. Y en aquel momento se enteró, de pronto, de que había unos hombres, llamados bolcheviques, que devolvían a los obreros y a los campesinos todo lo que les habían quitado los zares y los terratenientes, así como lo que le había sido arrebatado al pueblo durante la guerra. Para ello, sólo hacía falta recibir un papelito del bolchevique principal, de Lenin. Aquel mujik pequeñajo había encontrado a Vladímir Ilich, en el Smolny. Antes de que empezara a clarear, le había hecho levantarse y había conseguido el papelito que me mostraba, pero que no me entregaba.

- Cuando reciba el dinero, lo entregaré. Y mientras tanto, mejor será que lo tenga yo. Es lo más seguro.

¿Qué hacer con el mujik pequeñajo y su caballo? Pues el Ministerio continuaba en manos de los funcionarios del Gobierno Provisional. Eran tiempos raros: el Poder estaba ya en manos de los Soviets, el Consejo de Comisarios del Pueblo era bolchevique, pero las instituciones oficiales, como vagones lanzados, seguían por los raíles de la política del Gobierno Provisional.

¿Cómo hacerse cargo del Ministerio? ¿Por la fuerza? Todos huirían, y nos quedaríamos sin funcionarios.

Decidimos proceder de otra manera: celebrar una reunión de delegados del sindicato de empleados subalternos. Lo presidía el mecánico I. Egórov. El sindicato era muy particular -un verdadero surtido de profesiones- y lo integraban cuantos, con arreglo a la plantilla correspondiente, trabajaban en calidad de personal subalterno: carteros, hermanas de la caridad, encargados de las estufas, contables, escribientes, mecánicos, obreros y obreras de la fábrica de naipes, guardas y practicantes.

Examinamos la situación. Se actuó de un modo ejecutivo. Elegimos un Consejo, y a la mañana siguiente fuimos a hacernos cargo del Ministerio.

Entramos. El portero de los galones, que no simpatizaba con los bolcheviques, no había asistido a la reunión. Su gesto era desaprobatorio, pero nos dejó pasar. Empezamos a subir por la escalera; en dirección contraria a nosotros, descendía un río de funcionarios, mecanógrafas, tenedores de libros, jefes... Bajaban corriendo, precipitadamente, no querían ni mirarnos. Nosotros para arriba, ellos para abajo. El sabotaje de los funcionarios había comenzado. Quedaron solamente algunas personas. Manifestaron que estaban dispuestas a trabajar con nosotros, con los bolcheviques. Entramos en los despachos y en las oficinas del Ministerio. Todo estaba vacío. Las máquinas de escribir abandonadas, los papeles tirados por el suelo. Y los libros de entradas y de salidas habían sido recogidos. Estaban encerrados. Y no teníamos las llaves. Tampoco estaban allí las llaves de la Caja.

¿Quién las tendría? ¿Cómo íbamos a trabajar sin dinero? La asistencia social del Estado era una institución cuya labor no era posible detener, pues abarcaba los asilos, a los mutilados de guerra, los talleres de ortopedia, los hospitales, los sanatorios, las leproserías, los reformatorios, los colegios de señoritas y las casas de ciegos… ¡Enorme campo de acción! De todas partes presionaban, exigían... Y no teníamos las llaves. Pero el más tenaz de todos era el mujik pequeñajo que había venido con el papelito de Lenin. Cada mañana, apenas amanecía, ya estaba en la puerta.

- ¿Qué hay del pago del caballo? Era muy bueno. De no haber sido tan fuerte y tan sufrido, no pondría tanto empeño en que me lo pagaran.

Al cabo de dos días, aparecieron las llaves. La primera salida de la Caja de Asistencia Social fue el pago del caballo que el gobierno zarista arrebatara, con engaños y a la fuerza, al campesino aquel, al mujik pequeñajo, que con tanta tenacidad había sabido percibir íntegramente, con arreglo al papelito de V. I. Lenin, la cantidad que le correspondía.


Este relato forma parte del libro "De la tempestad surgieron", un recopilatorio de narrativa revolucionaria elaborada por diversos autores relacionados con la revolución bolchevique de 1917. Este libro fue editado por la Editorial Progreso y puede descargarse en la siguiente dirección: Bolchetvo (pincha aquí para descargar).

04 diciembre 2009

4 d´abiento: Diya Nazional d´Andaluzía.


Desde Pueblo Aragonés queremos felicitar a todos los andaluces y andaluzas por la celebración de su día nacional.

La clase trabajadora aragonesa y andaluza, así como toda la clase trabajadora internacional, debe unirse y resistir con fuerza las embestidas capitalistas: no podemos tolerar acciones antagónicas a nuestros intereses.

¡Por una unión internacional efectiva de todos los trabajadores del mundo!
¡Por la solidaridad obrera!

¡Viva Andalucía libre y socialista!

¿Qué es un plan quinquenal?

La Planificación Económica en el Socialismo

Como su propio nombre indica es un plan con una duración de un lustro (cinco años). En términos generales podríamos hablar de una herramienta que utilizan múltiples organizaciones en los puntos más remotos del planeta y que parte del análisis de la situación actual y se marca unos objetivos a los que irán destinados los esfuerzos, alcanzando unas metas en ese periodo de tiempo.

Como todo plan, para poder ser útil debe contar con diversos elementos, el primero es un gran y profundo conocimiento de la realidad objetiva, el segundo es ser conocedor de cuales son las necesidades reales, y el tercero marcar unos objetivos que sean realistas.

Así, si un país con una economía derruida –pongamos el ejemplo de Eritrea- y sin capacidad industrial se marcara como objetivo de un plan el enviar a un compatriota a la luna, estaría cometiendo muy probablemente grandes errores en los tres elementos comentados anteriormente, en el primero por no haber valorado correctamente cuales son sus recursos y potencialidades, en el segundo porque el primer deseo de los ciudadanos no es muy probable que no sea ver la bandera de su país plantada ahí arriba, y en el tercero porque era un objetivo excesivamente ambicioso.

No estamos por tanto hablando de algo improvisado, sino de una complicada herramienta que precisa de numerosos indicadores (sociales, económicos…) y de un profundo estudio y trabajo para poder resultar de alguna utilidad.

Podremos observar si nos fijamos detenidamente que la totalidad de empresas grandes que suelen salir en los informativos o en la prensa salmón suelen hablar de sus "planes estratégicos", "planes de desarrollo" o sinónimos varios que no hacen sino evidenciar que en las más altas esferas saben que la mano invisible, con un guante resbala menos, de la misma manera que un buque precisa tener una ruta prefijada e información sobre los diversos factores que pueden influir positiva o negativamente (el viento, una tormenta, cruzarse con otro barco) las grandes empresas saben que o cuentan con un plan de ruta o se verán abocadas al fracaso.

Si bien el concepto de plan quinquenal puede parecer muy abierto, cuando se habla de economía está íntimamente ligado con la Unión Soviética, primer país que lo adoptó como herramienta para poder colocar la economía al servicio del desarrollo nacional y luchar de esa manera contra las crisis de superproducción, la inflación, el paro y la miseria de la población trabajadora más desfavorecida.

El primer plan quinquenal intersectorial de la historia entró en vigor en 1928, posteriormente, la mayor parte de los países socialistas (todos a excepción de Cuba) lo adoptaron como herramienta, siendo en algunos casos de 4, 6 o incluso 7 años pero con las mismas características. Es de destacar que incluso estados ideológicamente tan alejados de los posicionamientos socialistas optaran por esta vía para poder alcanzar sus objetivos, así, el III Reich Alemán aprobó en otoño de 1936 un plan cuyo principal objetivo era tratar de lograr la autosuficiencia alemana de los sectores productivos y materias primas estratégicas para rearmar al ejercito y que pudiera estar preparado para las posteriores guerras.

Igualmente, ha habido otros planes en diversas partes del mundo, unos menos conocidos, como es el caso de Vietnam o Argentina, y otros muy estudiados en las escuelas como es el caso del Plan Marshall.

Por tanto, cuando se habla de un plan quinquenal, en términos generales se habla de una herramienta de intervención y planificación estatal que si bien está ligada inicialmente al modelo de desarrollo soviético no tiene por qué estarlo.

La planificación es una herramienta de la que se dota cualquier persona, organización o estado para alcanzar unos fines, el plan no es más que un mecanismo, que bien utilizado permite lograrlos. Al contrario de lo que plantean los liberales, la intervención del estado no es intrínsecamente mala -de hecho ellos hacen uso de la misma cuando ven las orejas al lobo- sino que son los fundamentos y objetivos políticos que hay detrás los que marcan su bondad o maldad.

Así, no puede compararse el intervencionismo económico practicado por Soviéticos, Nazis o Norteamericanos porque partían de realidades y objetivos radicalmente opuestos, los primeros trataron en un primer momento de industrializar el país y mejorar el nivel de vida de gente, los segundos querían armarse para llevar la destrucción por toda Europa y los terceros desarrollar las economías occidentales a fin de frenar la influencia del socialismo.

Hay una cosa que es innegable, que en mayor o menor medida optaron por una vía determinada (el intervencionismo y no el libe mercado) y que obtuvieron resultados positivos.

La historia nos brinda ahora la oportunidad de juzgar lo que supuso cada uno de aquellos planes, en el caso soviético, un gran desarrollo industrial que mejoró la calidad de vida y poder adquisitivo de su población durante décadas, hasta que fue destruido desde dentro llevando a las diversas economías nacionales al caos y la destrucción propias de la ley de la selva llevada a la economía (liberalismo), en el caso nazi, a un proyecto criminal que causó millones de muertes y la destrucción de Alemania, y en el proyecto norteamericano, a un modelo de "Estado de Bienestar" en el que se palpa bastante malestar entre la población por la incapacidad de la economía (léase falta de voluntad de los propietarios del capital) para proporcionar un nivel de vida aceptable a la mayor parte de la población, afectada por hipotecas elevadas, tasas de inflación imposibles y una actualización irrisoria de unos salarios ya de por sí bajos.

Extraído de GKB-UJC Euskal Herria.

03 diciembre 2009

Antifascismo verbenero (III): ¿Crestas? Gallinas.

Estoy de acuerdo con que los ideales se llevan por dentro, que no se puede juzgar a un individuo por sus "pintas" pero, ¿qué pintas?

Está de moda ser antifascista. Pero antifascista de palo. Está de moda ir de "super punki" macarra con cresta, bomber y botas. Está de moda ir de skinhead mata nazis.

No voy a criticar a los chavales de una edad cercana a la mía que, para "escapar" de la monotonía impuesta socialmente, adoptan una estética con el objetivo de "parecer" diferentes. He dicho "parecer" y no "ser.

Digo parecer porque las "pintas" muchas veces son traicioneras y te encuentras ante un tío pelado de dos metros, cuadrado de gimnasio que no tiene ni idea de política. ¿Y los parches qué llevas? - Pues eso, parches que tapan mi ignorancia. -

Pero no quiero caer en el insulto ni en la generalización. Con ésto no quiero decir que todos los punkis, skins y demás tribus urbanas antifascistas sean unos ineptos políticamente, eso jamás lo diría. Quiero decir que están entrando muchos nuevos antifascistas que tienen poca idea de política y muchas ganas de "parecer diferente" y de "buscar líos".

Está bien que haya nuevos antifascistas, pero ya que entran, nuestra labor es explicarles de qué va ésto. Hay que hablarles de porqué skins y punkis, de porqué antifascistas. Porque, a pesar de que tengan poca idea, algo sí tienen para ponerse esos parches. Hay que politizarlos: sí, no tengo miedo de decirlo.

Y mediante vayan creciendo políticamente empezarán a darse cuenta de que "eso de las pintas"
es secundario, que tus ideales no tienen porqué estar por fuera: los ideales se llevan por dentro.

Los obreros jamás llevarían unas botas de cuero de 90€ porque un obrero tiene gastos más importantes que llevar una u otra estética. Los obreros no se pondrán un polo de "Fred Perry" porque cuesta 60 eurazos. Pero, al margen de ésto, no gastarse tanta pasta es pura conciencia de clase y anticapitalista. Es educarse la propia mente para poder vivir libre del consumismo.

Muchas veces caemos en la trampa capitalista de manera indirecta. Da igual Dr. Martens que Adidas, Nike o Puma. Son marcas.

La única marca de clase es la marca única y esa marca única sólo se viste con el logo de la estrella roja.

02 diciembre 2009

El Comunismo y la Familia (A. Kollontai, 1921).

Un texto del que cabe hacer un análisis pormenorizado:

La mujer no depende ya del hombre

¿Se mantendrá la familia en un Estado comunista? ¿Persistirá en la misma forma actual? Son estas cuestiones que atormentan, en los momentos presentes, a la mujer de la clase trabajadora y preocupa igualmente a sus compañeros, los hombres.

No debe extrañarnos que en estos últimos tiempos este problema perturbe las mentes de las mujeres trabajadoras. La vida cambia continuamente ante nuestros ojos; antiguos hábitos y costumbres desaparecen poco a poco. Toda la existencia de la familia proletaria se modifica y organiza en forma tan nueva, tan fuera de lo corriente, tan extraña, como nunca pudimos imaginar.

Y una de las cosas que mayor perplejidad produce en la mujer en estos momentos es la manera como se ha facilitado el divorcio en Rusia.

De hecho, en virtud del decreto del Comisario del Pueblo del 18 de diciembre de 1917, el divorcio ha dejado de ser un lijo accesible sólo a los ricos; desde ahora en adelante, la mujer trabajadora no tendrá que esperar y meses, e incluso hasta años, para que sea fallada su petición de separación matrimonial que le dé derecho a independizarse de un marido borracho o brutal, acostumbrado a golpearla. Desde ahora en adelante el divorcio se podrá obtener amigablemente dentro del periodo de una o dos semanas todo lo más.

Pero es precisamente esta facilidad para obtener el divorcio, manantial de tantas esperanzas para las mujeres que son desgraciadas en su matrimonio, lo que asusta a otras mujeres, particularmente a aquellas que consideran todavía al marido como el "proveedor" de la familia, como el único sostén de la vida, a esas mujeres que no comprenden todavía que deben acostumbrarse a buscar y a encontrar ese sostén en otro sitio, no en la persona del hombre, sino en la persona de la sociedad, en el Estado.

Desde la familia genésica a nuestros días

No hay ninguna razón para pretender engañarnos a nosotros mismos: la familia normal de los tiempos pasados en la cual el hombre lo era todo y la mujer nada -puesto que no tenía voluntad propia, ni dinero propio, ni tiempo del que disponer libremente-, este tipo de familia sufre modificaciones día por día, y actualmente es casi una cosa del pasado, lo cual no debe asustarnos.
Bien sea por error o ignorancia, estamos dispuestos a creer que todo lo que nos rodea debe permanecer inmutable, mientras todo lo demás cambia. Siempre ha sido así y siempre lo será. Esta afirmación es un error profundo.

Para darnos cuenta de su falsedad, no tenemos más que leer cómo vivían las gentes del pasado, e inmediatamente vemos cómo todo está sujeto a cambio y cómo no hay costumbres, ni organizaciones políticas, ni moral que permanezcan fijas e inviolables.

Así, pues, la familia ha cambiado frecuentemente de forma en las diversas épocas de la vida de la humanidad.

Hubo épocas en que la familia fue completamente distinta a como estamos acostumbrados a admitirla. Hubo un tiempo en que la única forma de familia que se consideraba normal era la llamada familia genésica, es decir, aquella en que el cabeza de familia era la anciana madre, en torno a la cual se agrupaban, en la vida y en el trabajo común, los hijos, nietos y biznietos.

La familia patriarcal fue en otros tiempos considerada también como la única forma posible de familia, presidida por un padre-amo, cuya voluntad era ley para todos los demás miembros de la familia. Aún en nuestros tiempos se pueden encontrar en las aldeas rusas familias campesinas de este tipo. En realidad podemos afirmar que en esas localidades la moral y las leyes que rigen la vida familiar son completamente distintas de las que reglamentan la vida de la familia del obrero de la ciudad. En el campo existen todavía gran número de costumbres que ya no es posible encontrar en la familia de la ciudad proletaria.

El tipo de familia, sus costumbres, etc., varían según las razas. Hay pueblos, como por ejemplo los turcos, árabes y persas, entre los cuales la ley autoriza al marido el tener varias mujeres. Han existido y todavía se encuentran tribus que toleran la costumbre contraria, es decir, que la mujer tenga varios maridos.

La moralidad al uso del hombre de nuestro tiempo le autoriza para exigir de las jóvenes la virginidad hasta su matrimonio legítimo. Pero, sin embargo, hay tribus en las que ocurre todo lo contrario: la mujer tiene por orgullo haber tenido muchos amantes, y se engalana brazos y piernas con brazaletes que indican el número...

Diversas costumbres, que a nosotros nos sorprenden, hábitos que podemos incluso calificar de inmorales, los practican otros pueblos, con la sanción divina, mientras que, por su parte, califican de "pecaminosas" muchas de nuestras costumbres y leyes.

Por tanto, no hay ninguna razón para que nos aterroricemos ante el hecho de que la familia sufra un cambio, porque gradualmente se descarten vestigios del pasado vividos hasta ahora, ni porque se implanten nuevas relaciones entre el hombre y la mujer. No tenemos más que preguntarnos: ¿qué es lo que ha muerto en nuestro viejo sistema familiar y qué relaciones hay entre el hombre trabajador y la mujer trabajadora, entre el campesino y la campesina?

¿Cuáles de sus respectivos derechos y deberes armonizan mejor con las condiciones de vida de la nueva Rusia? Todo lo que sea compatible con el nuevo estado de cosas se mantendrá; lo demás, toda esa anticuada morralla que hemos heredado de la maldita época de servidumbre y dominación, que era la característica de los terratenientes y capitalistas, todo eso tendrá que ser barrido juntamente con la misma clase explotadora, con esos enemigos del proletariado y de los pobres.

El capitalismo ha destruido la vieja vida familiar

La familia, en su forma actual, no es más que una de tantas herencias del pasado. Sólidamente unida, compacta en sí misma en sus comienzos, e indisoluble -tal era el carácter del matrimonio santificado por el cura-, la familia era igualmente necesaria para cada uno de sus miembros. Porque ¿quién se hubiera ocupado de criar, vestir y educar a los hijos de no ser la familia? ¿Quién se hubiera ocupado de guiarlos en la vida? Triste suerte la de los huérfanos en aquellos tiempos; era el peor destino que pudiera tocarle a uno en suerte.

En el tipo de familia a que estamos acostumbrados, es el marido el que gana el sustento, el que mantiene a la mujer y a los hijos. La mujer, por su parte, se ocupa de los quehaceres domésticos y de criar a los hijos como le parece.

Pero, desde hace un siglo, esta forma corriente de familia ha experimentado una destrucción progresiva en todos los países del mundo, en los que domina el capitalismo, en aquellos países en que el número de fábricas crece rápidamente, juntamente con otras empresas capitalistas que emplean trabajadores.

Las costumbres y la moral familiar se forman simultáneamente como consecuencia de las condiciones generales de la vida que rodea a la familia. Lo que más ha contribuido a que se modificasen las costumbres familiares de una manera radical ha sido, indiscutiblemente, la enorme expansión que ha adquirido por todas partes el trabajo asalariado de la mujer. Anteriormente, era el hombre el único sostén posible de la familia. Pero desde los últimos cincuenta o sesenta años, hemos experimentado en Rusia (con anterioridad en otros países) que el régimen capitalista obliga a las mujeres a buscar trabajo remunerador fuera de la familia, fuera de su casa.

Treinta millones de mujeres soportan una doble carga

Como el salario del hombre, sostén de la familia, resultaba insuficiente para cubrir las necesidades de la misma, la mujer se vio obligada a su vez a buscar trabajo remunerado; la madre tuvo que llamar también a la puerta de la fábrica. Año por año, día tras día, fue creciendo el número de mujeres pertenecientes a la clase trabajadora que abandonaban sus casas para ir a nutrir las filas de las fábricas, para trabajar como obreras, dependientas, oficinistas, lavanderas o criadas.

Según cálculos de antes de la Gran Guerra, en los países de Europa y América ascendían a sesenta millones las mujeres que se ganaban la vida con su trabajo. Durante la guerra ese número aumentó considerablemente.

La inmensa mayoría de estas mujeres estaban casadas; fácil es imaginarnos la vida familiar que podrían disfrutar. ¡Qué vida familiar puede existir donde la esposa y madre se va de casa durante ocho horas diarias, diez mejor dicho (contando el viaje de ida y vuelta)! La casa queda necesariamente descuidad; los hijos crecen sin ningún cuidado maternal, abandonados a sí mismos en medio de los peligros de la calle, en la cual pasan la mayor parte del tiempo.

La mujer casada, la madre que es obrera, suda sangre para cumplir con tres tareas que pesan al mismo tiempo sobre ella: disponer de las horas necesarias para el trabajo, lo mismo que hace su marido, en alguna industria o establecimiento comercial; consagrarse después, lo mejor posible, a los quehaceres domésticos, y, por último, cuidar de sus hijos.

El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera, sin aliviarla de sus cuidados de ama de casa y madre.

Por tanto, nos encontramos con que la mujer se agota como consecuencia de esta triple e insoportable carga, que con frecuencia expresa con gritos de dolor y hace asomar lágrimas a sus ojos.

Los cuidados y las preocupaciones han sido en todo tiempo destino de la mujer; pero nunca ha sido su vida más desgraciada, más desesperada que en estos tiempos bajo el régimen capitalista, precisamente cuando la industria atraviesa por periodo de máxima expansión.

Los trabajadores aprenden a existir sin vida familiar

Cuanto más se extiende el trabajo asalariado de la mujer, más progresa la descomposición de la familia. ¡Qué vida familiar puede haber donde el hombre y la mujer trabajan en la fábrica, en secciones diferentes, si la mujer no dispone siquiera del tiempo necesario para guisar una comida medianamente buena para sus hijos! ¡Qué vida familiar puede ser la de una familia en la que el padre y la madre pasan fuera de casa la mayor parte de las veinticuatro horas del día, entregados a un duro trabajo, que les impide dedicar unos cuantos minutos a sus hijos!
En épocas anteriores, era completamente diferente. La madre, el ama de casa, permanecía en el hogar, se ocupaba de las tareas domésticas y de sus hijos, a los cuales no dejaba de observar, siempre vigilante.

Hoy día, desde las primeras horas de la mañana hasta que suena la sirena de la fábrica, la mujer trabajadora corre apresurada para llegar a su trabajo; por la noche, de nuevo, al sonar la sirena, vuelve precipitadamente a casa para preparar la sopa y hacer los quehaceres domésticos indispensables. A la mañana siguiente, después de breves horas de sueño, comienza otra vez para la mujer su pesada carga. No puede, pues, sorprendernos, por tanto, el hecho de que, debido a estas condiciones de vida, se deshagan los lazos familiares y la familia se disuelva cada día más. Poco a poco va desapareciendo todo aquello que convertía a la familia en un todo sólido, todo aquello que constituía sus seguros cimientos, la familia es cada vez menos necesaria a sus propios miembros y al Estado. Las viejas formas familiares se convierten en un obstáculo.

¿En qué consistía la fuerza de la familia en los tiempos pasados? En primer lugar, en el hecho de que era el marido, el padre, el que mantenía a la familia; en segundo lugar, el hogar era algo igualmente necesario a todos los miembros de la familia, y en tercer y último lugar, porque los hijos eran educados por los padres.

¿Qué es lo que queda actualmente de todo esto? El marido, como hemos visto, ha dejado de ser el sostén único de la familia. La mujer, que va a trabajar, se ha convertido, a este respecto, en igual a su marido. Ha aprendido no sólo a ganarse la vida, sino también, con gran frecuencia, a ganar la de sus hijos y su marido. Queda todavía, sin embargo, la función de la familia de criar y mantener a los hijos mientras son pequeños. Veamos ahora, en realidad, lo que subsiste de esta obligación.

El trabajo casero no es ya una necesidad

Hubo un tiempo en que la mujer de la clase pobre, tanto en la ciudad como en el campo, pasaba su vida entera en el seno de la familia. La mujer no sabía nada de lo que ocurría más allá del umbral de su casa y es casi seguro que tampoco deseaba saberlo. En compensación, tenía dentro de su casa las más variadas ocupaciones, todas útiles y necesarias, no sólo para la vida de la familia en sí, sino también para la de todo el Estado.

La mujer hacía, es cierto, todo lo que hoy hace cualquier mujer obrera o campesina. Guisaba, lavaba, limpiaba la casa y repasaba la ropa de la familia. Pero no hacía esto sólo. Tenía sobre sí, además, una serie de obligaciones que no tienen ya las mujeres de nuestro tiempo: hilaba la lana y el lino; tejía las telas y los adornos, las medias y los calcetines; hacía encajes y se dedicaba, en la medida de las posibilidades familiares, a las tareas de la conservación de carnes y demás alimentos; destilaba las bebidas de la familia, e incluso moldeaba las velas para la casa.

¡Cuán diversas eran las tareas de la mujer en los tiempos pasados! Así pasaron la vida nuestras madres y abuelas. Aún en nuestros días, allá en remotas aldeas, en pleno campo, en contacto con las líneas del tren o lejos de los grandes ríos, se pueden encontrar pequeños núcleos donde se conserva todavía, sin modificación alguna, este modo de vida de los buenos tiempos del pasado, en la que el ama de casa realizaba una serie de trabajos de los que no tiene noción la mujer trabajadora de las grandes ciudades o de las regiones de gran población industrial, desde hace mucho tiempo.

El trabajo industrial de la mujer en el hogar

En los tiempos de nuestras abuelas eran absolutamente necesarios y útiles todos los trabajos domésticos de la mujer, de los que dependía el bienestar de la familia. Cuanto más se dedicaba la mujer de su casa a estas tareas, tanto mejor era la vida en el hogar, más orden y abundancia se reflejaban en la casa. Hasta el propio Estado podía beneficiarse un tanto de las actividades de la mujer como ama de casa. Porque, en realidad, la mujer de otros tiempos no se limitaba a preparar purés para ella o su familia, sino que sus manos producían muchos otros productos de riqueza, tales como telas, hilo, mantequilla, etc., cosas que podían llevarse al mercado y ser consideradas como mercancías, como cosas de valor.

Es cierto que en los tiempos de nuestras abuelas y bisabuelas el trabajo no era evaluado en dinero. Pero no había ningún hombre, fuera campesino u obrero, que no buscase como compañera una mujer con "manos de oro", frase todavía proverbial entre el pueblo.
Porque sólo los recursos del hombre, sin el trabajo doméstico de la mujer, no hubieran bastado para mantener el hogar.

En lo que se refiere a los bienes del Estado, a los intereses de la nación, coincidían con los del marido; cuanto más trabajadora resultaba la mujer en el seno de su familia, tantos más productos de todas clases producía: telas, cueros, lana, cuyo sobrante podía ser vendido en el mercado de las cercanías; consecuentemente, la "mujer de su casa" contribuía a aumentar en su conjunto la prosperidad económica del país.

La mujer casada y la fábrica

El capitalismo ha modificado totalmente esta antigua manera de vida. Todo lo que antes se producía en el seno de la familia, se fabrica ahora en grandes cantidades en los talleres y en las fábricas. La máquina sustituyó a los ágiles dedos del ama de casa. ¿Qué mujer de su casa trabajaría hoy día en moldear velas, hilar o tejer tela? Todos estos productos pueden adquirirse en la tienda más próxima. Antes, todas las muchachas tenían que aprender a tejer sus medias; ¿es posible encontrar en nuestros tiempos una joven obrera que se haga las medias? En primer lugar, carece del tiempo necesario para ello. El tiempo es dinero y no hay nadie que quiera perderlo de una manera improductiva, es decir, sin obtener ningún provecho. Actualmente, toda mujer de su casa, que es a la vez una obrera, prefiere comprar las medias hechas que perder tiempo haciéndolas.

Pocas mujeres trabajadoras, y sólo en casos aislados, podemos encontrar hoy día que preparen las conservas para la familia, cuando la realidad es que en la tienda de comestibles de al lado de su casa puede comprarlas perfectamente preparadas. Aun en el caso de que el producto vendido en la tienda sea de una calidad inferior, o que no sea tan bueno como el que pueda hacer una ama de casa ahorrativa en su hogar, la mujer trabajadora no tiene ni tiempo ni energías para dedicarse a todas las laboriosas operaciones que requiere un trabajo de esta clase.

La realidad, pues, es que la familia contemporánea se independiza cada vez más de todos aquellos trabajos domésticos sin cuya preocupación no hubieran podido concebir la vida familiar nuestras abuelas.

Lo que se producía anteriormente en el seno de la familia se produce actualmente con el trabajo común de hombres y mujeres trabajadoras en las fábricas y talleres.

Los quehaceres individuales están llamados a desaparecer

La familia actualmente consume sin producir. Las tareas esenciales del ama de casa han quedado reducidas a cuatro: limpieza (suelos, muebles, calefacción , etc.); cocina (preparación de comida y cena); lavado y cuidado de la ropa blanca, y vestidos de la familia (remendado y repaso de la ropa).

Estos son trabajos agotadores. Consumen todas las energías y todo el tiempo de la mujer trabajadora, que, además, tiene que trabajar en una fábrica.

Ciertamente que los quehaceres de nuestras abuelas comprendían muchas más operaciones, pero, sin embargo, estaban dotados de una cualidad de la que carecen los trabajos domésticos de la mujer obrera de nuestros días; éstos han perdido su cualidad de trabajos útiles al Estado desde el punto de vista de la economía nacional, porque son trabajos con los que no se crean nuevos valores. Con ellos no se contribuye a la prosperidad del país.

Es en vano que la mujer trabajadora se pase el día desde la mañana hasta la noche limpiando su casa, lavando y planchando la ropa, consumiendo sus energías para conservar sus gastadas ropas en orden, matándose para preparar con sus modestos recursos la mejor comida posible, porque cuando termine el día no quedará, a pesar de sus esfuerzos, un resultado material de todo su trabajo diario; con sus manos infatigables no habrá creado en todo el día nada que pueda ser considerado como una mercancía en el mercado comercial. Mil años que viviera todo seguiría igual para la mujer trabajadora. Todas las mañanas habría que quitar polvo de la cómoda; el marido vendría con ganas de cenar por la noche y sus chiquitines volverían siempre a casa con los zapatos llenos de barro... El trabajo del ama de casa reporta cada día menos utilidad, es cada vez más improductivo.

La aurora del trabajo casero colectivo

Los trabajos caseros en forma individual han comenzado a desaparecer y de día en día van siendo sustituidos por el trabajo casero colectivo, y llegará un día, más pronto o más tarde, en que la mujer trabajadora no tendrá que ocuparse de su propio hogar.

En la Sociedad Comunista del mañana, estos trabajos serán realizados por una categoría especial de mujeres trabajadoras dedicadas únicamente a estas ocupaciones.

Las mujeres de los ricos, hace ya mucho tiempo que viven libres de estas desagradables y fatigosas tareas. ¿Por qué tiene la mujer trabajadora que continuar con esta pesada carga?
En la Rusia Soviética, la vida de la mujer trabajadora debe estar rodeada de las mismas comodidades, la misma limpieza, la misma higiene, la misma belleza, que hasta ahora constituía el ambiente de las mujeres pertenecientes a las clases adineradas. En una Sociedad Comunista la mujer trabajadora no tendrá que pasar sus escasas horas de descanso en la cocina, porque en la Sociedad Comunista existirán restaurantes públicos y cocinas centrales en los que podrá ir a comer todo el mundo.

Estos establecimientos han ido en aumento en todos los países, incluso dentro del régimen capitalista. En realidad, se puede decir que desde hace medio siglo aumentan de día en día en todas las ciudades de Europa; crecen como las setas después de la lluvia otoñal. Pero mientras en un sistema capitalista sólo gentes con bolsas bien repletas pueden permitirse el gusto de comer en los restaurantes, en una ciudad comunista estarán al alcance de todo el mundo.

Lo mismo se puede decir del lavado de la ropa y demás trabajos caseros. La mujer trabajadora no tendrá que ahogarse en un océano de porquería ni estropearse la vista remendando y cosiendo la ropa por las noches. No tendrá más que llevarla cada semana a los lavaderos centrales para ir a buscarla después lavada y planchada. De este modo tendrá la mujer trabajadora una preocupación menos.

La organización de talleres especiales para repasar y remendar la ropa ofrecerán a la mujer trabajadora la oportunidad de dedicarse por las noches a lecturas instructivas, a distracciones saludables, en vez de pasarlas como hasta ahora en tareas agotadoras.

Por tanto, vemos que las cuatro últimas tareas domésticas que todavía pesan sobre la mujer de nuestros tiempos desaparecerán con el triunfo del régimen comunista.

No tendrá de qué quejarse la mujer obrera, porque la Sociedad Comunista habrá terminado con el yugo doméstico de la mujer para hacer su vida más alegre, más rica, más libre y más completa.

La crianza de los hijos en el régimen capitalista

¿Qué quedará de la familia cuando hayan desaparecido todos estos quehaceres del trabajo casero individual? Todavía tendremos que luchar con el problema de los hijos. Pero en lo que se refiere a esta cuestión, el Estado de los Trabajadores acudirá en auxilio de la familia, sustituyéndola; gradualmente, la Sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres.

Bajo el régimen capitalista la instrucción del niño ha cesado de ser una obligación de los padres. El niño aprende en la escuela. En cuanto el niño entra en la edad escolar, los padres respiran más libremente. Cuando llega este momento, el desarrollo intelectual del hijo deja de ser un asunto de su incumbencia.

Sin embargo, con ello no terminaban todas las obligaciones de la familia con respecto al niño. Todavía subsistía la obligación de alimentar al niño, de calzarle, vestirle, convertirlo en obrero diestro y honesto para que, con el tiempo, pudiera bastarse a sí propio y ayudar a sus padres cuando éstos llegaran a viejos.

Pero lo más corriente era, sin embargo, que la familia obrera no pudiera casi nunca cumplir enteramente estas obligaciones con respecto a sus hijos. El reducido salario de que depende la familia obrera no le permite ni tan siquiera dar a sus hijos lo suficiente para comer, mientras que el excesivo trabajo que pesa sobre los padres les impide dedicar a la educación de la joven generación toda la atención a que obliga este deber. Se daba por sentado que la familia se ocupaba de la crianza de los hijos. ¿Pero lo hacía en realidad? Más justo sería decir que es en la calle donde se crían los hijos de los proletarios. Los niños de la clase trabajadora desconocen las satisfacciones de la vida familiar, placeres de los cuales participamos todavía nosotros con nuestros padres.

Pero, además, hay que tener en cuenta que lo reducido de los jornales, la inseguridad en el trabajo y hasta el hambre convierten frecuentemente al niño de diez años de la clase trabajadora en un obrero independiente a su vez. Desde este momento, tan pronto como el hijo (lo mismo si es chico o chica) comienza a ganar un jornal, se considera a sí mismo dueño de su persona, hasta tal punto que las palabras y los consejos de sus padres dejan de causarle la menor impresión, es decir, que se debilita la autoridad de los padres y termina la obediencia.

A medida que van desapareciendo uno a uno los trabajos domésticos de la familia, todas las obligaciones de sostén y crianza de los hijos son desempeñadas por la sociedad en lugar de por los padres. Bajo el sistema capitalista, los hijos eran con demasiada frecuencia, en la familia proletaria, una carga pesada e insostenible.

El niño y el Estado socialista

En este aspecto también acudirá la Sociedad Comunista en auxilio de los padres. En la Rusia Soviética se han emprendido, merced a los Comisariados de Educación Pública y Bienestar Social, grandes adelantos. Se puede decir que en este aspecto se han hecho ya muchas cosas para facilitar la tarea de la familia de criar y mantener a los hijos.

Existen ya casas para los niños lactantes, guardería infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?

Los cuidados de los padres con respecto a los hijos pueden clasificarse en tres grupos: 1º, cuidados que los niños requieren imprescindiblemente en los primeros tiempos de su vida; 2º, los cuidados que supone la crianza del niño, y 3º, los cuidados que necesita la educación del niño.
Lo que se refiere a la instrucción de los niños, en escuelas primarias, institutos y universidades, se ha convertido ya en una obligación del Estado, incluso en la sociedad capitalista.

Por otra parte, las ocupaciones de la clase trabajadora, las condiciones de vida, obligaban, incluso en la sociedad capitalista, a la creación de lugares de juego, guarderías, asilos, etc. Cuanto más conciencia tenga la clase trabajadora de sus derechos, cuanto mejor estén organizados en cualquier Estado específico, tanto más interés tendrá la sociedad en el problema de aliviar a la familia del cuidado de los hijos.

Pero la sociedad burguesa tiene medio de ir demasiado lejos en lo que respecta a considerar los intereses de la clase trabajadora, y mucho más si contribuye de este modo a la desintegración de la familia.

Los capitalistas se dan perfecta cuenta de que el viejo tipo de familia, en la que la esposa es una esclava y el hombre es responsable del sostén y bienestar de la familia, de que una familia de esta clase es la mejor arma para ahogar los esfuerzos del proletariado hacia su libertad, para debilitar el espíritu revolucionario del hombre y de la mujer proletarios. La preocupación por lo que le pueda pasar a su familia, priva al obrero de toda su firmeza, le obliga a transigir con el capital. ¿Qué no harán los padres proletarios cuando sus hijos tienen hambre?

Contrariamente a lo que sucede en la sociedad capitalista, que no ha sido capaz de transformar la educación de la juventud en una verdadera función social, en una obra del Estado, la Sociedad Comunista considerará como base real de sus leyes y costumbres, como la primera piedra del nuevo edificio, la educación social de la generación naciente.

No será la familia del pasado, mezquina y estrecha, con riñas entre los padres, con sus intereses exclusivistas para sus hijos, la que moldeará el hombre de la sociedad del mañana.

El hombre nuevo, de nuestra nueva sociedad, será moldeado por las organizaciones socialistas, jardines infantiles, residencias, guarderías de niños, etc., y muchas otras instituciones de este tipo, en las que el niño pasará la mayor parte del día y en las que educadores inteligentes le convertirán en un comunista consciente de la magnitud de esta inviolable divisa: solidaridad, camaradería, ayuda mutua y devoción a la vida colectiva.

La subsistencia de la madre asegurada

Veamos ahora, una vez que no se precisa atender a la crianza y educación de los hijos, qué es lo que quedará de las obligaciones de la familia con respecto a sus hijos, particularmente después que haya sido aliviada de la mayor parte de los cuidados materiales que llevan consigo el nacimiento de un hijo, o sea, a excepción de los cuidados que requiere el niño recién nacido cuando todavía necesita de la atención de su madre, mientras aprende a andar, agarrándose a las faldas de su madre. En esto también el Estado Comunista acude presuroso en auxilio de la madre trabajadora. Ya no existirá la madre agobiada con un chiquillo en brazos. El Estado de los Trabajadores se encargará de la obligación de asegurar la subsistencia a todas las madres, estén o no legítimamente casadas, en tanto que amamanten a su hijo; instalará por doquier casas de maternidad, organizará en todas las ciudades y en todos los pueblos guarderías e instituciones semejantes para que la mujer pueda ser útil trabajando para el Estado mientras, al mismo tiempo, cumple sus funciones de madre.

El matrimonio dejará de ser una cadena

Las madres obreras no tienen por qué alarmarse. La Sociedad Comunista no pretende separar a los hijos de los padres, ni arrancar al recién nacido del pecho de su madre. No abriga la menor intención de recurrir a la violencia para destruir la familia como tal. Nada de eso. Estas no son las aspiraciones de la Sociedad Comunista.

¿Qué es lo que presenciamos hoy? Pues que se rompen los lazos de la gastada familia. Esta, gradualmente, se va libertando de todos los trabajos domésticos que anteriormente eran otros tantos pilares que sostenían la familia como un todo social. ¿Los cuidados de la limpieza, etc., de la casa? También parece que han demostrado su inutilidad. ¿Los hijos? Los padres proletarios no pueden ya atender a su cuidado; no se pueden asegurar ni su subsistencia ni su educación.
Estas es la situación real cuyas consecuencias sufren por igual los padres y los hijos.

Por tanto, la Sociedad Comunista se acercará al hombre y a la mujer proletarios para decirles: "Sois jóvenes y os amáis". Todo el mundo tiene derecho a la felicidad. Por eso debéis vivir vuestra vida. No tengáis miedo al matrimonio, aun cuando el matrimonio no fuera más que una cadena para el hombre y la mujer de la clase trabajadora en la sociedad capitalista. Y, sobre todo, no temáis, siendo jóvenes y saludables, dar a vuestro país nuevos obreros, nuevos ciudadanos niños. La sociedad de los trabajadores necesita de nuevas fuerzas de trabajo; saluda la llegada de cada recién venido al mundo. Tampoco temáis por el futuro de vuestro hijo; vuestro hijo no conocerá el hambre, ni el frío. No será desgraciado, ni quedará abandonado a su suerte como sucedía en la sociedad capitalista. Tan pronto como el nuevo ser llegue al mundo, el Estado de la clase Trabajadora, la Sociedad Comunista, asegurará el hijo y a la madre una ración para su subsistencia y cuidados solícitos. La Patria comunista alimentará, criará y educará al niño. Pero esta patria no intentará, en modo alguno, arrancar al hijo de los padres que quieran participar en la educación de sus pequeñuelos. La Sociedad Comunista tomará a su cargo todas las obligaciones de la educación del niño, pero nunca despojará de las alegrías paternales, de las satisfacciones maternales a aquellos que sean capaces de apreciar y comprender estas alegrías. ¿Se puede, pues, llamar a esto destrucción de la familia por la violencia o separación a la fuerza de la madre y el hijo?

La familia como unión de afectos y camaradería

Hay algo que no se puede negar, y es el hecho de que ha llegado su hora al viejo tipo de familia. No tiene de ello la culpa el comunismo: es el resultado del cambio experimentado por la condiciones de vida. La familia ha dejado de ser una necesidad para el Estado como ocurría en el pasado.

Todo lo contrario, resulta algo peor que inútil, puesto que sin necesidad impide que las mujeres de la clase trabajadora puedan realizar un trabajo mucho más productivo y mucho más importante. Tampoco es ya necesaria la familia a los miembros de ella, puesto que la tarea de criar a los hijos, que antes le pertenecía por completo, pasa cada vez más a manos de la colectividad.

Sobre las ruinas de la vieja vida familiar, veremos pronto resurgir una nueva forma de familia que supondrá relaciones completamente diferentes entre el hombre y la mujer, basadas en una unión de afectos y camaradería, en una unión de dos personas iguales en la Sociedad Comunista, las dos libres, las dos independientes, las dos obreras. ¡No más "sevidumbre" doméstica para la mujer! ¡No más desigualdad en el seno mismo de la familia! ¡No más temor por parte de la mujer de quedarse sin sostén y ayuda si el marido la abandona!

La mujer, en la Sociedad Comunista, no dependerá de su marido, sino que sus robustos brazos serán los que la proporcionen el sustento. Se acabará con la incertidumbre sobre la suerte que puedan correr los hijos. El Estado comunista asumirá todas estas responsabilidades. El matrimonio quedará purificado de todos sus elementos materiales, de todos los cálculos de dinero que constituyen la repugnante mancha de la vida familiar de nuestro tiempo. El matrimonio se transformará desde ahora en adelante en la unión sublime de dos almas que se aman, que se profesen fe mutua; una unión de este tipo promete a todo obrero, a toda obrera, la más completa felicidad, el máximo de la satisfacción que les puede caber a criaturas conscientes de sí mismas y de la vida que les rodea.

Esta unión libre, fuerte en el sentimiento de camaradería en que está inspirada, en vez de la esclavitud conyugal del pasado, es lo que la sociedad comunista del mañana ofrecerá a hombres y mujeres.

Una vez se hayan transformado las condiciones de trabajo, una vez haya aumentado la seguridad material de la mujer trabajadora; una vez haya desaparecido el matrimonio tal y como lo consagraba la Iglesia -esto es, el llamado matrimonio indisoluble, que no era en el fondo más que un mero fraude-, una vez este matrimonio sea sustituido por la unión libre y honesta de hombres y mujeres que se aman y son camaradas, habrá comenzado a desaparecer otro vergonzoso azote, otra calamidad horrorosa que mancilla a la humanidad y cuyo peso recae por entero sobre el hambre de la mujer trabajadora: la prostitución.

Se acabará para siempre la prostitución

Esta vergüenza se la debemos al sistema económico hoy en vigor, a la existencia de la propiedad privada. Una vez haya desaparecido la propiedad privada, desaparecerá automáticamente el comercio de la mujer.

Por tanto, la mujer de la clase trabajadora debe dejar de preocuparse porque esté llamada a desaparecer la familia tal y conforme está constituida en la actualidad. Sería mucho mejor que saludaran con alegría la aurora de una nueva sociedad, que liberará a la mujer de la servidumbre doméstica, que aliviará la carga de la maternidad para la mujer, una sociedad en la que, finalmente, veremos desaparecer la más terrible de las maldiciones que pesan sobre la mujer: la prostitución.

La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo Estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.

"Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios".

Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre "los tuyos y los míos"; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que "nuestros" hijos, los del Estado Comunista, posesión común de todos los trabajadores.

La igualdad social del hombre y la mujer

El Estado de los Trabajadores tiene necesidad de una nueva forma de relación entre los sexos. El cariño estrecho y exclusivista de la madre por sus hijos tiene que ampliarse hasta dar cabida a todos los nuños de la gran familia proletaria.

En vez del matrimonio indisoluble, basado en la servidumbre de la mujer, veremos nacer la unión libre fortificada por el amor y el respeto mutuo de dos miembros del Estado Obrero, iguales en sus derechos y en sus obligaciones.

En vez de la familia de tipo individual y egoísta, se levantará una gran familia universal de trabajadores, en la cual todos los trabajadores, hombres y mujeres, serán ante todo obreros y camaradas. Estas serán las relaciones entre hombres y mujeres en la Sociedad Comunista de mañana. Estas nuevas relaciones asegurarán a la humanidad todos los goces del llamado amor libre, ennoblecido por una verdadera igualdad social entre compañeros, goces que son desconocidos en la sociedad comercial del régimen capitalista.

¡Abrid paso a la existencia de una infancia robusta y sana; abrid paso a una juventud vigorosa que ame la vida con todas sus alegrías, una juventud libre en sus sentimientos y en sus afectos!
Esta es la consigna de la Sociedad Comunista. En nombre de la igualdad, de la libertad y del amor, hacemos un llamamiento a todas las mujeres trabajadoras, a todos los hombres trabajadores, mujeres campesinas y campesinos para que resueltamente y llenos de fe se entreguen al trabajo de reconstrucción de la sociedad humana para hacerla más perfecta, más justa y más capaz de asegurar al individuo la felicidad a que tiene derecho.

La bandera roja de la revolución social que ondeará después de Rusia en otros países del mundo proclama que no está lejos el momento en el que podamos gozar del cielo en la tierra, a lo que la humanidad aspira desde hace siglos.

Extraído del blog de la Juventud Comunisa de Bolivia - Cochabamba.

¡Contra l´anticomunismo!


Hoy, 2 de diciembre, los comunistas de todo el mundo conmemoramos el 82 Aniversario de la expulsión de León Trotsky del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Desde Pueblo Aragonés, aprovechamos esta fecha para rechazar todas las posturas políticas que pretenden, y han pretendido durante la historia, atacar al comunismo sin una argumentación sólida y científica; con especial mención al trotskismo, por haber traicionado al marxismo-leninismo, antaño en la URSS y también actualmente, con sus propuestas mayoritariamente oportunistas y su carácter sectario.

La revolución es una construcción que se realiza chino chano, y que asume cada novedad sociopolítica como una parte de su programa. El sectarismo es la actitud más punible del comunismo, como ideología de masas que pretende ser.

¡Entalto Marx, Engels, Lenin y Stalin!
¡Entalo lo pueblo!

30 noviembre 2009

Zita de Stalin sobre a fe d´a clase obrera en a Reboluzión.


Extraído de Citas Marxistas:

"Lo principal que la burguesía de todos los países y sus acólitos reformistas tratan particularmente de conseguir, es extirpar a la clase obrera la fe en sus fuerzas, la fe en la posibilidad e inevitabilidad de su triunfo, y perpetuar así la esclavitud capitalista. Porque la burguesía sabe que si el capitalismo no ha sido aún derrocado y sigue subsistiendo, se lo debe, no a sus buenas cualidades, sino al hecho de que el proletariado carece aún de suficiente fe en la posibilidad de su triunfo. No se puede afirmar que los esfuerzos de la burguesía, en este sentido, hayan sido completamente ineficaces.

Es preciso reconocer que la burguesía y sus agentes dentro de la clase obrera han logrado, en cierta medida, envenenar el alma de la clase obrera con la ponzoña de la duda y de la falta de fe."

Camarada Stalin en el XVIII Congreso del PCUS. 1939.
Gran cita de Stalin sobre la fe de clase obrera en la Revolución. El capitalismo está ya agotado y caducado. La única razón por la cual el sistema capitalista se mantiene vigente es por la ausencia de una respuesta seria por parte de la clase Trabajadora.

Bien se las ha ingeniado la burguesía para deformar el inconsciente de los trabajadores con sus máximas consumistas y explotadoras. El capitalismo hace a los trabajadores cómplices de su propio estado de explotación. Ésto aminora la fe de la clase obrera en sí misma y la hace consumidora de un presente absurdo, logrando evadirse del inminente futuro.

Pero ésto no impide que el obrero pierda totalmente su fe en su propia clase, y la propaganda del régimen capitalista hay que combatirla con nuestra propaganda comunista.

Mejores soluciones a los problemas actuales no hay, pero cierto es que hemos de acudir a la autocrítica en multitud de ocasiones. Si somos conscientes de que nuestra propuesta está basada en un análisis científico de la sociedad, ¿por qué vamos a dejar de luchar a pesar de que los acontecimientos no nos sean del todo favorables? Si trabajamos bien, no nos quepa en duda que continuaremos hacia delante.

29 noviembre 2009

Cómics marxistas en Dispierta.

Dispierta, el blog documental de Pueblo Aragonés, ha publicado unos cómics antiguos donde se explica la obra cumbre de Marx "El Capital" de una forma sencilla. Estos cómics son un material audiovisual muy interesante para difundir la teoría marxista de manera eficaz, sobre todo entre los más jóvenes. Son muy fáciles de leer y comprender, y consiguen simplificar "El Capital" a un lenguaje más actual, pero no por ello menos científico.

Os invitamos a pasar por Dispierta (http://dispierta.blogspot.com) y a que os leáis estos cómics, porque no nos cabe en duda que os resultarán muy interesantes. Asimismo, tal es el grato impacto que nos ha causado a nosotrxs, que os invitamos a que los difundáis, de la mejor manera que creáis conveniente.

Hoy más que nunca, necesitamos expandir nuestro mensaje revolucionario. Este cómic es una buena manera de hacerlo.

¡Salut y reboluzión!

28 noviembre 2009

Amplio descontento con el capitalismo tras veinte años sin muro en Berlín.

Fuente: BBC News y obtenido del blog Andalucía Proletaria.

Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, una encuesta realizada en 27 países del mundo señala que el descontento con el capitalismo de libre mercado (sic) y generalizado, con solo un pequeño 11% que afirma que funciona bien y que no sería positiva una mayor regularización.

Solo en dos países superan el 20% los contentos con el capitalismo: Estados Unidos (25%) y Pakistán (21%).

La visión más común es que el capitalismo de libre mercado tiene problemas que pueden abordarse a través de procesos de regularización y reforma – un punto de vista defendido por el 51% de las más de 29.000 personas encuestadas.

Un porcentaje del 23% consideran que el capitalismo es un sistema totalmente defectuoso y que un nuevo sistema es necesario –incluyendo el 43% en Francia, el 38% en México, el 35% en Brasil y el 31% en Ucrania.

Por otra parte, en 15 de los 27 países, la mayoría quiere que su gobierno controle más directamente las principales empresas. Este punto de vista está particularmente extendido en dos ex repúblicas soviéticas: Rusia (77%) y Ucrania (75%), pero también en Brasil (64%), Indonesia (65%) y Francia (57%).

En 22 de los 27 países, la mayoría defienden una mejor distribución de la riqueza por los gobiernos (67%). En 17 países de los 27, un 56% apuestan por que los gobiernos regulen más las empresas.

La encuesta también preguntó sobre si la disolución de la URSS fue algo bueno o no. El 54% dijo que fue positivo, aun así esta posición es mayoritaria en solo 15 de los 27 países. El 22% afirma que fue algo negativo, mientras que el 24% no lo sabe o no contesta.

Entre los estados miembro del antiguo Pacto de Varsovia, la mayoría de los rusos (61%) y ucranianos (54%) consideran negativa la desintegración de la Unión Soviética. Por contra, cuatro de cada cinco polacos (80%) y casi dos tercios de los checoslovacos (64%) la consideran positiva.

Los resultados proceden de una encuesta sobre 29.022 ciudadanos mayores de edad de 27 países, realizada para la BBC World Service por GlobeScan, empresa internacional de estudios estadísticos, junto con el Program on International Policy Attitudes (PIPA) de la Universidad de Maryland. GlobeScan coordinó el trabajo de campo entre el 19 de julio y el 13 de octubre de 2009.

Doug Miller, presidente de GlobeScan, afirma: “Sé que la caída del Muro de Berlín en 1989 no fue la aplastante victoria del capitalismo de libre mercado que se preveía en ese momento, sobre todo después de la situación en estos últimos doce meses.”

Conclusiones:

Los europeos dicen que la desintegración de la Unión Soviética fue algo bueno, con la amplia mayoría en Alemania (76%) y Francia (74%). Esta opinión domina especialmente en los Estados Unidos, donde el 81% de los consultados consideran positiva la desintegración. En los principales países desarrollados, como Australia (73%) y Canadá (73%) también son de la misma opinión.

Fuera del Occidente desarrollado, el consenso es mucho menor. Siete de cada dez egipcios (69%) opinan que la desintegración de la Unión Soviética fue sobre todo negativa. Las opiniones están divididas en la India, Kenia e Indonesia, con muchos “no sabe/no contesta” en las respuestas.

Tras compartir visiones semejantes sobre muchos temas claves, franceses y alemanes están en franco desacuerdo en el tema del capitalismo de libre mercado. En Francia, el 47% piensa que sus problemas pueden ser resueltos mediante regulaciones y reformas, mientras que un 43% consideran lo contrario. En Alemania, por contra, pocos (8%) son los que defienden un sistema económico diferente, siendo cerca de tres cuartos (74%) los que piensan que el capitalismo de libre mercado debe estar libre de las regulaciones y de las reformas.

América Latina es particularmente favorable a un papel más activo de los gobiernos en las gestiones de la economía. Nueve de cada diez apoyan una redistribución de la riqueza en México (92%), Chile (91%) y Brasil (89%).

Donde un menor porcentaje apoya la redistribución es en Turquía (9%). Donde menos gusta la intervención del gobierno en la economía es en la India (66%), Polonia (61%) y los Estados Unidos (59%). Por contra, donde más se defiende el papel regulador del gobierno es en Brasil (87%), Chile (84%), Francia (76%), Estado Español (73%), República Popular China (71%) y Rusia (68%). Por el contrario, existe unha fuerte oposición a la regularización en Turquía (71%), Filipinas (47%), Pakistán (36%), Nigeria (32%) y la India (29%).

El control directo de las industrias por el gobierno tiene mucha oposición no solo en Estados Unidos (52%), sino también en Alemania (50%), Turquía (71%) y Filipinas (54%).

Fueron entrevistados, entre el 19 de junio y el 13 de octubre, 29.033 cidadáns de Australia, Brasil, Canadá, Chile, República Popular China, Costa Rica, República Checa, Egipto, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, Kenia, México, Nigeria, Pakistán, Panamá, Filipinas, Polonia, Rusia, Estado Español, Turquía, Ucrania, Inglaterra y los Estados Unidos. (Nota: en Brasil, Chile, China, Costa Rica, Egipto, México, Panamá, Filipinas y Turquía solo se consultó en las zonas urbanas.)

27 noviembre 2009

Sobre la alienación.

La alienación en el día a día:

Situación A

Tienes que hacer un trabajo que consiste en escribir 100 veces la frase "Yo he sido el que ha escrito en la pizarra". Para realizarlo, necesitas un papel y un bolígrafo, pero tú no tienes papel ni bolígrafo porque hay otro que es quien guarda y posee los papeles y los bolígrafos. Entonces, para realizar tu trabajo, tienes que pedirle papel y bolígrafo a áquel que guarda los papeles y los bolígrafos.

Él te dice que le parece bien, que te los deja, pero que, a cambio, por cada 10 veces que escribas tu frase, el te recortará y te quitará 2 de esas 10 frases que has escrito por el mero hecho de que el papel y el bolígrafo que empleas es suyo. De esta manera, él obtendrá beneficio sin realizar más que la simple acción de recortar tus frases.

Además, si sois varios los compañeros que tenéis que realizar el trabajo y los únicos folios y bolígrafos los posee él, tus compañeros también tendrán que hacer lo mismo que tú. Así es que, si por cada 10 frases que habéis escrito cada uno, él os recorta 2, con que seáis 5 los que tenéis que realizar el trabajo, él conseguirá realizar el mismo trabajo que vosotros, en el mismo tiempo, con el mínimo esfuerzo de recortar vuestras frases.

Si sois más de 5 los que tenéis que hacer el trabajo, él obtendrá incluso más beneficio que vosotros. O simplemente, sin necesidad ni siquiera de que seáis 5 los trabajadores, os puede recortar, si le apetece, 5 frases de vuestro trabajo y solo tendrá necesidad de usar a 2 de vosotros; todo ésto porque él es el poseedor de los bolis y folios. Si usa a más compañeros, los beneficios que obtendrá se sumarán unos con otros progresivamente.


Esta relación esconde que, en realidad, lo que está haciendo él es robaros una parte de vuestro trabajo para conseguir realizar el suyo sin esfuerzo. Todo ésto, por el mero hecho de poseer los bolis y los folios, que ni siquiera se los ha ganado.

De esta manera, tú, consciente del robo que te están haciendo de tu propio trabajo, pero incapaz de hacer nada en contra de él ya que posee los bolis y folios, te desmoralizas y trabajas sin ganas. Así también reduces tu producción, ya que escribirás con menos ganas si eres consciente de que una parte del trabajo que estás haciendo te la están robando (exactamente 2 de cada 10 frases que escribas).

Pero varios compañeros caéis en cuenta de esta injusticia y lográis dar con la causa del problema: él posee los materiales (bolis y papeles) y para realizar vuestro trabajo de escribir 100 veces la frase, necesitáis los materiales que él posee. Así es que llegáis a la conclusión de que si él no poseyera, porque sí, los bolígrafos y los papeles, no podría robaros una parte de vuestro trabajo.

Entonces dais con la cuestión. Lo que debéis hacer para solucionar la situación es uniros porque juntos podréis quitarle el material al que lo posee y se aprovecha de vuestro esfuerzo, para repartirlo entre vosotros con el objetivo de que cada uno realicéis vuestro trabajo de escribir 100 veces vuestra frase sin que nadie reste a ningún otro su capacidad productiva.

Los bolígrafos y los folios no serán de nadie en particular, así que vosotros podréis utilizarlos para realizar vuestro trabajo sin tener que darle nada a nadie. Así, el beneficio será íntegramente vuestro: vuestro trabajo lo realizaréis para vuestro propio provecho. Además, como seréis conscientes de esta libre relación de producción, trabajaréis moralizados y contentos.


Situación B

En la sociedad industrial, el valor del trabajo no es cualitativo, sino cuantitativo. No importa el trabajo que realice el trabajador (no importa que sea intelectual o manual), lo único importante es que "realiza trabajo", que trabaja. El ser humano tiene la necesidad de trabajar para desarrollarse.

Para realizar el trabajo que tiene encomendado, el trabajador necesita, por ejemplo,1 hora. Utilizamos el tiempo para medir ya que es la unidad a la que podemos reducir todo trabajo. Pero, este trabajador, por el propio hecho de ser trabajador, no posee los medios para realizar el trabajo (los medios de producción). Los medios de producción están en manos de los burgueses, de los empresarios, aunque tampoco han hecho mérito excepcional como para poseerlos.

Para poder realizar su trabajo, el trabajador necesita utilizar los medios de producción. El empresario burgués se los presta con una condición: a cambio de prestarle los medios de producción, el trabajador le tiene que dar una parte de su trabajo: por ejemplo, 1/4 del total del tiempo que utilice el trabajador para realizar su tarea. Así es que, ese cuarto de hora, esos 15 minutos de tiempo que utiliza el trabajador, no le corresponden a él, sino al burgués por el único hecho de prestarle los medios de producción.

Y además no sólo eso: el producto obtenido del trabajo del operario, también le corresponderá a él. Así el trabajador solo es un engranaje más de la cadena de enriquecimiento del empresario burgués, es como una máquina.

Si el burgués quiere producir más, empleará más trabajadores, a los cuales expropiará una parte de su esfuerzo laboral. Esta parte expropiada es la llamada plusvalía.

Si el burgués obtiene como beneficio del trabajo realizado por el empleado un total de 4,5€ por hora, al trabajador solo le remunera el 75% de esa cantidad ya que un 25% se la queda para sí. Así es que el burgués le paga al trabajador 3,39€ por hora de los 4,5€ que le deberían corresponder por su trabajo.

El 25% restante (1,125€) se lo queda el empresario burgués por únicamente poseer los medios de producción. Y esta cantidad es únicamente por empleado y hora. A un trabajador que lleva a cabo una tarea productiva por la cual debería ser remunerado con 1200€, únicamente el burgués le pagaría un salario de 900€ al mes (descontándole el 25%: 300€).

Si esa plusvalía de 300€ por trabajador, la multiplicamos por la cantidad de total de trabajadores que emplea su empresa, supongamos una empresa pequeña de 30 trabajadores (300 x 3), el burgués obtiene un beneficio de 300€ por cada 30 trabajadores empleados. La única tarea que realiza el burgués para "ganar" esos 300€ es controlar y poseer los medios de producción; y seguramente la propiedad de los medios de producción sea heredada, ni siquiera se la habrá ganado.

Posteriormente, sus beneficios aumentan, aún más si cabe, al vender esos productos en el mercado. Allí también realiza mil procesos de especulación para obtener el máximo beneficio, pero este tema no nos incumbe en estos momentos.

Antes de terminar, hemos de aclarar que decimos productos por referencia al producto obtenido del esfuerzo del trabajador, pero no significa que esa producción por parte del trabajador genere, única y directamente, un producto "material". Los trabajadores, por ejemplo, del sector servicios, no generan productos materiales, y no por ello pierden su condición de trabajadores asalariados. Los trabajadores del sector servicios producen productos "inmateriales", producen servicios, y se encuentran en la misma situación de alienación que los trabajadores industriales o agrícolas.


Lo único que nos divide a los seres humanos es la condición social. En el sistema capitalista, los burgueses, los que mandan, los que poseen los medios de producción, se aprovechan de las masas trabajadoras especulando con su esfuerzo y sudor con fines lucrativos. Su único interés es ganar más y más.

Los trabajadores somos sus "esclavos". Somos los que producimos su enriquecimiento. Pero sin nosotros no serían nadie ni tendrían nada. Si no fuera por nosotros, que realizamos el trabajo, no obtendrían beneficio alguno.

¿La solución a este problema? Dejemos de trabajar para ellos, trabajemos para nosotros. Arrebatémosles los medios de producción que ni siquieran se han ganado, tomémoslos nosotros y utilicémoslos para producir para nosotros mismos y en virtud de nuestro interés: el interés del Pueblo, de los trabajadores.

Solo así destruiremos la explotación a la que estamos sometidos y eliminaremos la pobreza que puebla todos los rincones del planeta que, aún hoy, están bajo el control burgués capitalista.

Jota.

26 noviembre 2009

¿En Cuba no hay elecciones?



¡Viva Cuba libre y socialista!

25 noviembre 2009

Ferramienta ta traduzir Pueblo Aragonés.

Pueblo Aragonés hemos incluido en nuestro blog una herramienta de traducción para que todxs lxs lectores y lectoras podáis leernos en el idioma que creáis más conveniente. Así también cumplimos con nuestro objetivo de internacionalizar la lucha popular aragonesa y de fomentar la cohesión entre todas las fuerzas revolucionarias internacionales.

La única pega que vemos a este sistema de traducción, es que no comprende el idioma genuino de nuestro Pueblo: el idioma aragonés, limitando así nuestra capacidad de expansión cultural y obviando la riqueza histórica de nuestro Pueblo.

Esperamos que, al menos, sea útil para todxs aquellxs visitantes foranos.

¡Entalto a clase Treballadora Internazional!
¡Entalto l´aragonés!

23 noviembre 2009

Achirmanamiento de Pueblo Aragonés con o blog "Andalucía Proletaria".


Desde Pueblo Aragonés tenemos el honor de informaros a todxs de nuestro hermanamiento con el blog "Andalucía Proletaria"; un blog marxista-leninista, de clase, combativo, en pie de lucha por la clase obrera andaluza y con un gran componente internacionalista.

Pueblo Aragonés consideramos muy importante nuestro hermanamiento porque lo vemos un comienzo hacia la internacionalización de la lucha proletaria, nuestro primer paso hacia la unión obrera internacional que con tanto énfasis perseguimos.

Pueblo andaluz y aragonés, ¡chuntos en a luita obrera!
Pueblo andaluz y aragonés, ¡unidos en la lucha obrera!

¡Entalto Aragón y Andaluzía libres y sozialistas!

http://andaluciaproletaria.blogspot.com/

Colectivizaciones y otras aventuras anarquistas durante la Guerra Civil española en Aragón y Catalunya.

Del libro ‘Guerra y revolución en España (1936-1939)’, tomo II, pgs.29 a 35

Extraído del blog "El Socialismo es la solución".

Si escasa era la actividad militar de las columnas anarquistas, en cambio desplegaban una intensa labor política y económica en las regiones adonde llegaban.

En Aragón, con ayuda de las centurias de la CNT, los dirigentes anarquistas desarticulaban en ciudades y pueblos los Comités de Frente Popular, prohibían y cerraban los locales de los partidos obreros y republicanos -pretextando que habían cumplido su misión histórica- y tomaban en sus manos la dirección de toda la vida política y económica de la región.

Los anarquistas se lanzaban a poner en práctica en la zona republicana de Aragón su comunismo libertario, colectivizando a diestro y siniestro villas y haciendas.

Para legalizar una situación de hecho, el Comité Regional de Aragón de la CNT convocó en Binéfar (Huesca), los días 12 y 13 de agosto, una conferencia destinada a trazar el plan del comunismo libertario y elegir un organismo encargado de realizarlo. Invitados por los anarquistas, a esa Conferencia asistieron los representantes de las organizaciones ugetistas locales.

La Conferencia ratificó la proclamación del comunismo libertario en Aragón y eligió el Comité de Nueva Estructuración Social de Aragón, Rioja y Navarra.

En cada pueblo se establecía el poder anarquista, encarnado en un comité. Estos comités, so pretexto de colectivizar, quitaban la tierra, los aperos y los animales a los campesinos (incluidos los pobres). Los campesinos tenían que trabajar por un salario igual para todos, muy bajo, y estaban sometidos a la vigilancia de grupos armados de la FAI.

Quienes no tenían tierra, no la recibían tampoco de los libertarios.

En muchos casos se suprimió el dinero; el comité del lugar emitía bonos y billetes que sólo servían para adquirir, en el pueblo mismo, algunos productos alimenticios. La plata y el dinero oficial eran recogidos por los comités anarquistas, lo cual permitió que algunos elementos desaprensivos pudieran enriquecerse.

Juan Peiró, dirigente cenetista, ha escrito sobre la conducta de los anarquistas lo siguiente: Cuando fueron al campo llevando consigo la antorcha de la revolución, lo primero que hicieron fue arrebatar al campesino todo medio de defensa... y una vez conseguido, le robaron hasta la camisa (1).

La colectivización forzosa fue general en las zonas de Aragón donde predominaban las columnas de la CNT-FAI y del POUM. En Cataluña, pudieron salvarse de la fiebre colectivizadora anarquista algunas comarcas, gracias, principalmente, a la actividad del PSUC y de la UGT.

El sistema de colectividades anarquistas significaba volver a una economía casi natural, en la que cada pueblo y aldea tenía que subsistir con sus propios recursos.

La agricultura de Aragón y Cataluña se arruinaba. La superficie sembrada en esas regiones descendió en un 20 o un 30 por ciento. La producción agraria disminuyó en grandes proporciones. Al mismo tiempo quedaban rotas las relaciones económicas vitales para la alimentación de las ciudades y del ejército.

En ese clima de arbitrariedades y corrupción, impuesto por los anarquistas, florecía a sus anchas el acaparamiento, la especulación, el tráfico ilegal de toda clase de productos, a precios prohibitivos para las masas de la población.

En Aragón, a los quince días de ser aplicado el comunismo libertario, quedaron vacíos los comercios colectivizados, creándose un serio problema de abastecimiento.

La industria textil, de la alimentación y, en general, la industria ligera de Cataluña, colectivizada por los anarquistas, se negaba a reconocer los bonos y billetes emitidos por el Comité de Aragón y exigía el pago de su mercancía en pesetas contantes y sonantes.

Como represalia, este Comité amenazó al Comité Nacional de la CNT con cortar el fluido eléctrico que abastecía a una parte de la industria y a la población de Cataluña e incluso con volar las centrales eléctricas si perseveraba en su negativa a facilitar víveres y ropa a la zona liberada aragonesa (2).

Ante la gravedad de las amenazas, el Comité Nacional de la CNT dio orden al jefe militar de las fuerzas anarquistas del frente de Aragón de fusilar a los miembros del citado Comité si persistían en su actitud.

La agudización de las contradicciones en el seno mismo de la CNT y de la FAI llevó a la dirección máxima anarquista a formar, a espaldas del Comité aragonés, un gobierno cantonalista, el llamado Consejo de Aragón, con el propósito de enderezar la grave situación creada en esta región, sin perder su predominio económico y político.

El dominio que ejercieron los anarquistas sobre amplias zonas campesinas de Aragón y Cataluña, tuvo gravísimas consecuencias que se hicieron sentir a todo lo largo de la guerra. Consecuencias económicas, al disminuir considerablemente las posibilidades de abastecer el ejército y la población; y, sobre todo, consecuencias políticas, al provocar el disgusto y la indignación de cientos de miles de campesinos, que perdían todo interés en la guerra contra el fascismo y que incluso iniciaban revueltas locales contra los desafueros anarquistas.

Con su revolución, los anarquistas hicieron odiosa para muchos campesinos el nombre de colectividad.

En Cataluña, la situación del campo no mejoró con el Decreto del Gobierno Casanovas, del 3 de agosto, que impuso la sindicación obligatoria de todos los campesinos en un organismo único (más tarde llamado FESAC, Federación de Sindicatos Agrícolas de Cataluña).

Las colectividades anarquistas no fueron tocadas por ese Decreto. Y allí donde los campesinos seguían siendo productores individuales, el Decreto les obligaba a efectuar exclusivamente a través del sindicato agrícola tanto la venta de sus productos, como la adquisición de los artículos que precisaban; el sindicato controlaba los precios, los seguros, los créditos. Ese sistema suprimía a los campesinos toda libertad para vender sus productos y mataba su estímulo para producir más.

Los anarquistas y la industria catalana.

Con un total desconocimiento de las leyes económicas, los anarquistas se lanzaron a reorganizar la industria catalana basándose en concepciones sociológicas infantiles, que si ya eran falsas y utópicas en el siglo XIX; aplicadas a las realidades económicas del siglo XX, resultaban catastróficas.

Desde los primeros días de la lucha, la gran mayoría de las empresas de la industria catalana fueron controladas por los faístas. Y aunque en algunos casos los Comités Obreros eran formalmente de la UGT y de la CNT, en realidad, en el primer período que estamos considerando, la casi totalidad estaban en manos de los anarquistas.

Los anarquistas despreciaban las necesidades prioritarias de los frentes, cuando el problema de la guerra contra el fascismo era cuestión de vida o muerte para el proletariado de Cataluña y de toda España.

Mataban todo estímulo, todo esfuerzo por elevar y mejorar la producción, imponiendo un salario igual para todas las categorías: a los ingenieros y técnicos, a los obreros más calificados, se les pagaba lo mismo que a los peones.

Los anarquistas se olvidaban de una realidad tan simple y elemental como la de que la producción es el aspecto decisivo de la actividad económica, pues si no se produce, poco se puede distribuir. Ellos despreciaban la producción y concentraban todos sus afanes renovadores, toda su demagogia ultrarrevolucionaria, en la distribución igualitaria. De hecho, la igualdad no se veía por ninguna parte, pues los salarios diferían mucho de una empresa a otra. Los obreros cobraban según las existencias y reservas que hubiese en la empresa donde trabajaban, y según los caprichos de los omnipotentes comités. Y cuando las reservas se agotaban, los anarquistas recurrían al Estado para exigirle que les facilitase fondos para seguir pagando los salarios.

Su tendencia igualitaria llegó hasta el extremo de que los actores y cantantes cobraban lo mismo que el personal encargado de la limpieza.

En cambio la revolución de los anarquistas mantenía el principio de que los salarios de las mujeres obreras tenían que ser inferiores a los de los hombres, aunque realizasen igual trabajo.

En sus aberraciones, llegaron a sindicalizar las casas de prostitución de Barcelona, que eran explotadas en beneficio de los Comités de la FAI.

La incautación de las empresas al estilo anarquista no era un paso hacia el establecimiento de la propiedad social de los medios de producción, sino la sustitución de los antiguos dueños por otros, por los comités, que actuaban en nombre de los órganos dirigentes de la FAI y de la CNT, o incluso, en ocasiones, por cuenta propia.

En nombre del federalismo económico, los anarquistas empujaban a una descentralización caótica, sembrando la confusión y el desorden. No había coordinación de ningún género.

En no pocos casos, las diferentes fábricas de una misma empresa, que eran complementarias unas de otras, quedaban en manos de comités diferentes. Se interrumpían las relaciones económicas que eran objetivamente necesarias para la producción.

Los comités producían, en las fábricas que controlaban, no los objetos que eran requeridos más apremiantemente para la guerra, sino los que mejor podían vender y con los que podían lograr mayores ganancias.

En ese afán por elevar los beneficios, surgían enconados choques de intereses y conflictos entre unas empresas y otras, entre unos comités y otros.

En una resolución de la CNT catalana se reconocía que las empresas colectivizadas se habían dedicado a elevar sus beneficios, sin pagar sus deudas, provocando así el desequilibrio de las finanzas de las otras empresas.

Al considerar cada colectividad como propiedad particular -se decía en esa resolución cenetista-... se ha hecho abstracción de los intereses del resto de la colectividad (3).

Despreciando las necesidades vitales de la guerra antifascista, los anarquistas no hicieron nada serio para montar una industria bélica; las inmensas posibilidades que existían se desaprovecharon. Y en las fábricas controladas por ellos, donde se inició cierta producción de armamento éste iba a parar casi exclusivamente a manos de los grupos faístas, que actuaban preferentemente en la retaguardia.

Implacables con los pequeños y medios industriales y comerciantes, los anarquistas mostraban en cambio extraordinaria flexibilidad con algunos de los representantes del gran capital monopolista.

La CNT se puso en contacto con el Consulado inglés en Barcelona y, de acuerdo con éste, publicó la lista de 87 empresas importantes a las que nadie debía tocar (4). Lo mismo hizo con otras empresas extranjeras.

Y no sólo extranjeras.

En una serie de casos, los agentes de los grandes capitalistas conseguían permanecer en los órganos de dirección, al lado de los comités anarquistas. El papel de estos agentes era, mientras esperaban el retorno del amo, poner obstáculos a la utilización de la empresa para la guerra, fomentar el desorden y el caos económico, para lo cual encontraban una gran ayuda en las posiciones del anarquismo.

En la compañía de Tranvías de Barcelona, los jefes faístas pusieron en libertad al hombre de confianza de la empresa, el abogado Creisler, que había sido detenido por sus actividades fascistas. Éste trabajó como consejero de la FAI durante bastante tiempo, pasándose más tarde a la zona fascista. Un militar aristócrata reaccionario, el teniente coronel Rojo, sobrino del Marqués de Foronda, fue durante toda la guerra el brazo derecho de Sánchez, el director de tranvías nombrado por la FAI (5).

Uno de los resultados de la revolución libertaria fue el surgimiento de una capa de capitanes de industria de la nueva economía anarquista. Juan Porquerizas Fábregas, hombre de negocios que había dirigido en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera una agencia comercial, cuyo presidente de honor era nada menos que el general Martínez Anido (6), verdugo del proletariado barcelonés, aparecía como figura eminentísima de la FAI.

Los comités colocados al frente de las empresas se rodeaban de una burocracia abultadísima, los aparatos de dirección y administración de las fábricas se inflaban desmesuradamente. El burocratismo y la falta de control permitían que gentes desaprensivas con el carnet de la FAI se dedicasen a tráficos turbios, al latrocinio y a la especulación, lo que se entremezclaba con la acumulación de inmensas riquezas por parte de los organismos dirigentes del movimiento anarquista.

Éste había afirmado solemnemente: Nuestra revolución no puede tener más que un solo artículo y un solo preámbulo: QUEDA ABOLIDA LA PROPIEDAD PRIVADA (7).

Pero el espíritu de la propiedad privada, lejos de desaparecer, se instalaba en el cogollo mismo de la revolución anarquista.

Reconociendo esta realidad, el dirigente de la FAI, Abad de Santillán, escribía: En lugar del antiguo propietario, hemos puesto a media docena de ellos que consideran la fábrica o el medio de transporte que controlan como su bien, con el inconveniente de que no saben siempre cómo organizar una administración y realizar una gestión mejor que la antigua (8).

En una resolución aprobada por una comisión de la CNT se reconocía que el deseo desmesurado de colectivizarlo todo, en especial las empresas que tienen reservas monetarias, había despertado un espíritu utilitario y pequeño burgués...(9)

En un documento del Sindicato de la Madera de la CNT de Barcelona se decía con alarma: Se ha creado una cantidad enorme de burócratas parasitarios... Hay demasiados Comités de Control que no producen (10).

Preocupada por el desprestigio que causaba al movimiento anarquista el estado de cosas que reinaba en Cataluña, la dirigente Federica Montseny decía en un mitin celebrado en Valencia: Últimamente he estado varios días en Cataluña y me he dado cuenta de algo muy importante. He de ser, quizá, un poco dura en mis comentarios. Los que no sienten lo que directamente es la guerra viven en juerga revolucionaria. Tienen las industrias y los talleres en sus manos, han hecho desaparecer a los burgueses, viven tranquilos, y en una fábrica, en vez de un burgués, hay siete u ocho... Sin embargo, no olvido a los camaradas que están trabajando diez, doce o catorce horas en las fábricas de armas de Cataluña, que un día muere uno, otro día, dos, en dolorosas experiencias...(11)

Los faístas se lanzaron a extender al extranjero el campo de su actividad económica, y abrieron oficinas comerciales en Marsella, luego en París y en otros lugares.

Una serie de comités anarquistas llevaron a cabo, por su cuenta, ciertas exportaciones, sobre todo de productos agrícolas de gran valor (aceite, almendra, vino, azafrán). Lo hicieron de forma caótica, entrando en competencia unos con otros, con lo que ellos mismos provocaban la caída de precios.

Dueños de la frontera, los faístas sacaron o dejaron sacar más de 200 millones de pesetas papel de la República al extranjero (12), lo que contribuía a depreciar el valor de esta moneda en los mercados exteriores.

Los comités de la FAI depositaban grandes sumas en el extranjero, en previsión del futuro, pero no resolvían los problemas económicos cada vez más angustiosos de las empresas de Cataluña.

Al poco tiempo de haber sido éstas incautadas por los anarquistas, empezaron a agotarse sus fondos de tesorería y sus cuentas bancarias; se terminaban las reservas de materias primas. La producción descendía; en ciertos casos, se paralizaba.

Tratando de paliar esta situación, el Gobierno catalán, presidido por Juan Casanovas, otorgó a la CNT grandes facilidades, a través de una oficina reguladora del pago de los salarios (13) creada por la Generalidad, para que los comités pudiesen recibir fondos a crédito y pagar a los obreros.

A mediados de agosto, dando satisfacción a las reiteradas demandas de la CNT, el Gobierno Casanovas creó un Consejo de Economía de Cataluña, definido en el Decreto de su constitución como órgano dirigente de la vida económica. En él desempeñaban un papel preponderante los anarquistas J. P. Fábregas y D.A. de Santillán. Esta decisión equivalía a legalizar, en cierta forma, el predominio anarquista en la economía de Cataluña.

Notas:

(1) Llibertat, 29 de septiembre de 1936. Véase también el libro Perill a la retaguarda, Mataró, Ediciones Llibertat.
(2) Informe de Ismael Sin, representante de la UGT en el Comité de Nueva Estructuración Social de Aragón, Rioja y Navarra. Archivo del P.C.E.
(3) P.Broué y E.Témime: La révolution et la guerre d'Espagne, Paris, 1961, pág. 145.
(4) José Peirats: La CNT en la revolución española, tomo I, pág. 177.
(5) Agustín Arcas: Informe. Archivo del P.C.E.
(6) R. Vidiella: Informe. Archivo del P.C.E.
(7) Solidaridad Obrera, 10 de septiembre de 1936.
(8) D. A. de Santillán: After the revolution, New York, 1937, pág. 121.
(9) Broué, libro citado, pág. 145.
(10) Peirats, libro citado, tomo I, pág. 361.
(11) Ibidem, pág. 255.
(12) Jerónimo Bugeda: Informe ante el Comité Nacional del P.S.O.E. Junio de 1937, Archivo del P.C.E.
(13) La politique financiére de la Generalitat pendant la révolution et la guerre, 19 juillet 19 novembre de 1936, (folleto impreso por el Departamento de Finanzas de la Generalidad de Cataluña), pág. 11.

16 noviembre 2009

El contrarrevolucionario troskismo.

Los análisis de las distintas sectas y grupúsculos troskistas evidencian una vez más la naturaleza demagógica y profundamente contrarrevolucionaria del troskismo. Véamos varios ejemplos en orden cronológico.

El 4 de noviembre un tal Rubén Tzanoff del "Movimiento Socialista de los Trabajadores" de la Argentina saluda la contrarrevolución que destruyó la RDA como un hecho "esencialmente" positivo "ya que derrumbó el viejo orden mundial de la postguerra". Es decir, la creación de un mundo unipolar en que el imperialismo asesino se lanzó a explotar, saquear, oprimir y colonizar el antiguo campo socialista y el Tercer Mundo y aumentó la explotación de los obreros en las metrópolis imperialistas es algo "positivo" ya que, según este sujeto, "significó una tremenda liberación de fuerzas".

El 5 de noviembre Oscar Alba del "Movimiento Al Socialismo" argentino estima que en el socialismo real los pueblos son aplastados "por las orugas de los tanques rusos" en una metáfora propia de la emisora de la CIA Free Europa y de la Liga Anticomunista Mundial. Para este individuo la contrarrevolución en Alemania de 1989 no fue obra del imperialismo y de sus aliados con Gorbachov al frente sino obra de "una multitud con mazas y picos" que "echaron abajo el siniestro Muro".

También el 5 de noviembre una secta troskista estealemana ,"Bund Sozialistischen Arbeiter", asume su participación en la lucha contrarrevolucionaria contra el "régimen estalinista" mientras insulta como "funcionarios despreciados" a los camaradas Erich Mielke, jefe de la STASI, y Kurt Hager, jefe de la propaganda, ambos encarcelados cuando esta banda troskista y sus amos imperialistas tomaron el poder en la RDA.

El 6 de noviembre la web del "Nuevo Partido Anticapitalista" francés heredero de la LCR, publica las declaraciones de un troskista de la RDA que clandestinamente conspiró contra el socialismo. Bernard Gehnke, que así se llama, saluda la caída del Muro como la "caída necesaria y legítima de la dictadura estaliniana" que abrió el camino al imperialismo alemán, a la destrucción de los derechos de los trabajadores de la RDA y a la restauración capitalista. Este criminal saluda a los traidores dentro del PSUA como "renovadores demócratas". Al igual que el difunto jefe de su corriente política, el "Secretariado Unificado de la IV Internacional", Ernst Mandel, considera a la contrarrevolución como una "revolución democrática".

El 9 de noviembre la jefa de la troskista "Lutte Ouvriére" francesa Arlette Laguilier señala que el Muro antifascista que defendió la Paz y contuvo al imperialismo durante 28 años, fue "un muro con alambres cortando en dos una ciudad y separando familias, era ciertamente una infamia". La RDA socialista, según ella, "no tenía nada que ver con el comunismo...Era un régimen de opresión contra la clase obrera".

El 11 de noviembre el jefe de la corriente troskista "Militant" Allan Woods utiliza el mismo adjetivo que su camarada/enemiga Laguillier para definir a la STASI:"infame". Es solidario con los traidores contrarrevolucionarios al enfilar su artillería contra el camarada Erick Honecker que era, según él, un "viejo estalinista" que "se oponía de manera implacable a la reforma". Tenía que haber capitulado como hizo su maestro Trosky. Al menos tiene un punto de honor al separarse de Ernst Mandel y considerar la caída del Muro de Berlín una "contrarrevolución".

El 12 de noviembre Luis Oviedo del "Partido Obrero" de Argentina niega la intervención del imperialismo en los hechos al señalar que "el Muro cayó como resultado de un levantamiento popular".

El troskismo contribuyó a la lucha anticomunista desde dentro del campo socialista, saludó y saluda 20 años mas tarde la victoria contrarrevolucionaria que permitió una ofensiva imperialista a escala mundial sin la menor autocrítica, después apoyó el desmembramiento de Yugoslavia y los bombardeos de la OTAN. Hoy respalda la campaña anticomunista lanzada por el imperialismo en crisis. El ex secretario de Estado Henry Kissinger acaba de declarar al diario francés Le Figago que los neoconservadores de su país piensan como troskistas. En realidad es al revés, los troskistas piensan como neoconservadores y sirven al mismo amo: los monopolios imperialistas.

Artículo extraído de Civilización Socialista.